Críticas a las Terapias Contextuales


Críticas a las Terapias Contextuales

En primer lugar, se pone en duda hasta qué punto existen diferencias potenciales entre el conductismo radical y el contextualismo funcional. Además, el conductismo radical sí contempla lo contextual si tenemos en cuenta, por ejemplo, las variables disposicionales o las operaciones motivadoras entre otros elementos teóricos, tecnológicos y filosóficos (González-Terrazas, 2021). Esto da lugar a que los profesionales de la psicología no se pongan de acuerdo a la hora de establecer hasta qué punto es una filosofía distinta al conductismo radical o si el contextualismo funcional es una mera evolución del conductismo (Luciano y Valdivia, 2006; Pérez-Acosta et al., 2002). Y, si fuera una evolución del conductismo radical, ¿por qué habría que separarla completamente de este?

En línea con la TPB, desde el conductismo y el análisis experimental de la conducta también se hace referencia al estudio de los procesos psicológicos implicados en el cambio terapéutico, siendo esto un paso previo y fundamental a la elaboración de una tecnología terapéutica. No se puede relegar la psicoterapia, ni ninguna aplicación de la ciencia psicológica, a un mero conjunto de técnicas que se aplican sin saber por qué ni para qué. Por ello, Froxán-Parga et al. (2018) destacan la importancia de que, además de trabajar en la investigación de resultados (¿qué es eficaz?), se trabaje en la investigación de procesos (¿por qué es eficaz?). Sería interesante delimitar hasta qué punto hablan de conceptos diferentes o ambas generaciones sugieren lo mismo en cuanto a investigación de procesos se refiere.

Se plantea la necesidad de fortalecer las relaciones entre las terapias que las conforman, pues hasta ahora la ACT parece influir mayormente sobre el resto; y a su vez, buscar un nexo con otros enfoques (Pérez-Álvarez, 2012). Por otro lado, centrándonos en la ACT, la presunción de una vinculación evidente entre esta con la Teoría del Marco Relacional parece ponerse en duda. Por ejemplo, la ACT ha podido explicarse a través de modelos provenientes de la primera generación, aunque se sigue abogando por la conexión entre la susodicha teoría y la ACT (Foody et al., 2013, González-Terrazas, 2021; Harte y Barnes-Holmes, 2021). Gross y Fox (2009) exponen diversas controversias en torno a la RFT, destacando las diferencias presentes con la teoría de Skinner sobre la conducta verbal y las dificultades existentes para poner en práctica sus postulados.

Otro de los retos que presentan son las llamadas barreras del terapeuta, relacionadas con la dificultad a la hora de desplegar las habilidades terapéuticas en consulta, ya que en terapias como la ACT y Psicoterapia Analítico Funcional el terapeuta con su conducta moldea las funciones del comportamiento del consultante (Luciano et al., 2016).

Por último, lejos de los resultados obtenidos en los primeros metaanálisis realizados debido a los déficits metodológicos de los primeros estudios controlados aleatorizados (Ost, 2008), las terapias contextuales han demostrado ser efectivas. Sin embargo, no siempre de manera superior a la TCC (p. ej.: en la ACT; Gloster et al., 2020). Por ello, no es de extrañar cuestionar hasta qué punto aportan algo nuevo al panorama clínico, o cuando resulta más beneficioso seleccionar una frente a la otra.

Preguntas Frecuentes

1. ¿Cuál es el debate principal entre el conductismo radical y el contextualismo funcional?

El debate se centra en determinar si el contextualismo funcional realmente constituye un marco filosófico independiente y novedoso o si es simplemente una ramificación evolutiva del conductismo radical. Muchos académicos argumentan que el conductismo radical ya incluía de forma intrínseca el análisis de los factores contextuales mediante conceptos consolidados como las operaciones motivadoras y las variables disposicionales. Debido a esta superposición teórica, la comunidad psicológica se encuentra dividida entre quienes defienden la separación formal de ambas posturas y quienes sugieren que fragmentar estas corrientes genera una desconexión innecesaria dentro de la misma epistemología científica del comportamiento.

2. ¿Por qué es fundamental la investigación de procesos frente a la investigación de resultados en psicoterapia?

La investigación de resultados se limita a identificar qué intervenciones son estadísticamente eficaces para mitigar determinados síntomas, lo cual es útil pero insuficiente para el avance científico de la disciplina. Por el contrario, la investigación de procesos busca desentrañar los mecanismos psicológicos subyacentes que explican el cambio terapéutico, respondiendo detalladamente al "por qué" y al "para qué" funciona una terapia. Priorizar los procesos impide que la práctica clínica se degrade a un mero catálogo automatizado de técnicas aplicadas a ciegas, asegurando que cada estrategia terapéutica esté sólidamente fundamentada en principios básicos del aprendizaje y la conducta humana.

3. ¿Qué controversias existen respecto a la relación entre ACT y la Teoría del Marco Relacional (RFT)?

Aunque tradicionalmente se ha promovido a la Teoría del Marco Relacional (RFT) como el pilar empírico y el sustento verbal directo de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), diversos autores cuestionan la rigidez de este vínculo. Se ha demostrado que los éxitos y cambios clínicos observados en ACT pueden ser explicados e interpretados con total validez a través de los modelos asociativos y de aprendizaje provenientes de la primera generación conductista. Asimismo, se critican las discrepancias metodológicas existentes entre los postulados de la RFT y la teoría clásica de la conducta verbal de Skinner, sumado a las notables dificultades técnicas que experimentan los terapeutas para trasladar estos conceptos abstractos a la práctica clínica real.

4. ¿A qué se refieren los autores con el concepto de "barreras del terapeuta" en el marco de estas terapias?

Las barreras del terapeuta hacen referencia a las marcadas dificultades técnico-conceptuales y personales que experimenta el profesional al momento de ejecutar habilidades clínicas complejas dentro de la sesión. En enfoques de tercera generación como la ACT y la Psicoterapia Analítico Funcional (FAP), el psicólogo no actúa como un mero observador pasivo o un instructor de tareas, sino que utiliza activamente su propia conducta interactiva en el aquí y el ahora para moldear las funciones del comportamiento del paciente. Este nivel de implicación exige una constante autorregulación y un dominio excepcional de las contingencias en vivo, convirtiéndose en un reto metodológico que puede obstaculizar el proceso si el terapeuta no cuenta con el entrenamiento adecuado.

5. ¿Son las terapias contextuales superiores a la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) tradicional?

Los datos empíricos actuales demuestran que las terapias contextuales han alcanzado excelentes niveles de efectividad clínica, superando los sesgos y debilidades metodológicas detectados en sus primeros ensayos controlados. Sin embargo, la evidencia científica no sostiene que estas intervenciones de tercera generación sean consistentemente superiores a la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) tradicional en todas las áreas. Esto abre un debate clínico crucial sobre si los enfoques contextuales ofrecen un paradigma genuinamente revolucionario al panorama de la salud mental o si se requiere refinar los criterios de selección para determinar con precisión en qué perfiles de pacientes es más beneficioso priorizar una modalidad sobre la otra.



Fuente:  Rodríguez-Riesco, L., Vivas, S., Mateos Herrera, A., Pérez-Calvo, C., y Ruiz-Duet, A. M. (2022). Terapia de conducta: raíces, evolución y reflexión sobre la vigencia del conductismo en el contexto clínico. Papeles del Psicólogo, 43(3), 209-217. https://doi.org/10.23923/pap.psicol.2994 Autor de correspondencia: lorenzo.rodriguezriesco@alum.uca.es