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¿Cómo transformar la psicología desde la ruralidad? Territorialidad, saberes y resistencias en el ejercicio profesional



La psicología, como disciplina, ha tendido a centrar su mirada en contextos urbanos, dejando en un segundo plano las realidades rurales. Sin embargo, en las últimas décadas, un campo emergente ha comenzado a ganar fuerza en América Latina: la psicología rural. Este enfoque no solo busca visibilizar a las poblaciones rurales, sino también cuestionar los supuestos urbanocéntricos que han dominado la práctica psicológica. Uno de los aspectos más innovadores de este campo es su capacidad para integrar la territorialidad, los saberes locales y las resistencias comunitarias como ejes centrales de análisis y intervención.

La territorialidad en contextos rurales no se limita a una cuestión geográfica. Implica una relación profunda con la tierra, donde el ambiente natural no es un simple telón de fondo, sino una condición directa de vida, producción y bienestar. Para las comunidades campesinas, indígenas o ribereñas, el territorio es un espacio de identidad, memoria y resistencia. La psicología rural propone, entonces, un cambio de perspectiva: en lugar de aplicar modelos diseñados para realidades urbanas, invita a repensar las herramientas teóricas y metodológicas desde las especificidades del mundo rural. Esto incluye, por ejemplo, la racionalidad económica campesina, que prioriza la seguridad alimentaria y la estabilidad familiar sobre la maximización de ganancias, una lógica que a menudo choca con los discursos técnicos de la extensión rural.



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La extensión rural, entendida como un proceso psicosocial, es otro de los pilares de este enfoque. Tradicionalmente, se ha concebido como un mecanismo de transferencia de conocimientos desde los expertos hacia los agricultores. Sin embargo, la psicología rural aboga por un modelo dialógico, donde el conocimiento se construye de manera colaborativa, reconociendo los saberes locales como igualmente válidos. Este cambio no es menor: implica transformar las relaciones de poder entre técnicos y comunidades, fomentando la autonomía y la dignidad de los actores rurales. Como señala Fernando Landini, uno de los principales referentes en este campo, la resistencia de los agricultores a adoptar ciertas tecnologías no debe interpretarse como un rechazo irracional al progreso, sino como una estrategia de defensa de su modo de vida y de su territorio ante riesgos no considerados por los discursos técnicos (Landini, 2011).

La precarización del trabajo rural y el acceso limitado a servicios públicos, como salud, crédito o asistencia técnica, son condiciones materiales que afectan profundamente los procesos psicosociales. La falta de estabilidad laboral, la dependencia de intermediarios y el clientelismo político generan desconfianza, desesperanza y, en algunos casos, malestar psicopatológico. Sin embargo, también existen factores de protección: la organización comunitaria, la solidariedad y la construcción de proyectos colectivos pueden actuar como amortiguadores de estas adversidades. La psicología rural, al abordar estas dinámicas, ofrece herramientas para fortalecer la agencia comunitaria y la resiliencia.

Un aspecto clave en este proceso es la interdisciplinariedad. La psicología rural no puede entenderse aisladamente; requiere del diálogo con la sociología, la agronomía, la antropología y otras disciplinas para abordar la complejidad de los problemas rurales. Este enfoque integrado permite, por ejemplo, analizar cómo las políticas de desarrollo rural, a menudo discontinuas y sujetas a vaivenes políticos, afectan la confianza en las instituciones y la capacidad de acción de las comunidades. La psicología rural, en este sentido, no solo contribuye a la comprensión de estas realidades, sino que también propone alternativas para transformarlas.

La formación de los psicólogos que trabajan en contextos rurales debe incluir, entonces, una apertura a la diversidad de saberes y experiencias. Como señala Landini, la afectividad y la escucha activa son motores fundamentales en este proceso. Conocer de primera mano las historias de vida, las estrategias de resistencia y las formas de organización comunitaria puede tener un impacto transformador tanto para los profesionales como para las comunidades con las que trabajan. Se trata de construir un espacio plural, donde diferentes perspectivas epistemológicas y éticas tengan legitimidad, y donde el diálogo respetuoso y crítico sea la base de la intervención.

La psicología rural latinoamericana, en su corta pero intensa trayectoria, ha logrado posicionarse como un campo de reflexión y acción que cuestiona los supuestos tradicionales de la disciplina. Su aporte más significativo puede ser, precisamente, la capacidad de mostrar que el rural no es una extensión del urbano, sino un espacio con lógicas, saberes y desafíos propios. Al incorporar estas dimensiones en la práctica profesional, los psicólogos pueden no solo mejorar su comprensión de las realidades rurales, sino también contribuir a la construcción de sociedades más justas e inclusivas.


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