El fenómeno de la corrupción se define como el abuso del poder para beneficio propio, abarcando una amplia gama de delitos que afectan tanto al ámbito público como al privado. Desde una perspectiva criminológica, este comportamiento se categoriza como delincuencia no convencional, caracterizada por ser cometida por sujetos con influencia política o económica mediante un modus operandi complejo y cambiante. Históricamente, la investigación sobre este tema se impulsó con el concepto de "delincuente de cuello blanco" de Sutherland, lo que permitió visibilizar una criminalidad alejada de los estereotipos de marginación social.
Las causas de la corrupción son multidimensionales y se dividen en factores externos e internos. Los factores externos incluyen elementos políticos como la ausencia de valores éticos en el servicio público, factores económicos como el espíritu capitalista del lucro por el lucro, y factores sociales como la cultura del consumo y la imitación de conductas deshonestas. Estos elementos ambientales interactúan con las estructuras psicológicas de los individuos, creando un entorno propicio donde la impunidad y la falta de transparencia facilitan la decisión de delinquir.
En cuanto a los factores internos, el trabajo identifica rasgos específicos que conforman la "personalidad corrupta", tales como la codicia, la avaricia, el anhelo de poder, la ausencia de franqueza y un locus de control externo. Se destaca especialmente el carácter narcisista de estos individuos, quienes se creen superiores a los demás y actúan con una profunda ausencia de empatía e indolencia hacia los perjudicados. Además, el estudio establece una estrecha relación entre la personalidad corrupta y ciertos rasgos psicopáticos, como el encanto superficial y la incapacidad para aceptar la responsabilidad personal.
Como parte central de la investigación, se propone el Modelo Integrador para la Predicción de las Conductas Corruptas (MIPCC). Este modelo se fundamenta en teorías psicológicas como la de los Valores Humanos de Schwartz y la de la Conducta Planificada de Ajzen para explicar cómo los valores de poder y logro influyen positivamente en la actitud hacia la corrupción. El MIPCC postula que la intención de cometer actos corruptos está mediada por la actitud del individuo, su sentimiento del deber y el control conductual percibido, este último influenciado por la propensión al riesgo y el locus de control externo.
Finalmente, el trabajo presenta la Escala de Personalidad Corrupta (EPECO), un instrumento psicométrico diseñado para evaluar los atributos personales que predicen el riesgo de conductas corruptas en procesos de selección de personal para cargos de poder. La propuesta incluye una metodología detallada para su validación científica, con el fin de garantizar que las inferencias obtenidas sean fiables y válidas. El objetivo último es ofrecer una herramienta de prevención inmediata que permita identificar a los candidatos más propensos a la corrupción, complementando así las soluciones éticas y educativas a largo plazo.