GUÍA DIGITAL: FUNDAMENTOS DE LA ENTREVISTA PSIQUIÁTRICA

 



La entrevista psiquiátrica se define como una comunicación interpersonal técnica cuyo fin es la evaluación del paciente, el establecimiento de una relación médico-paciente y la creación de un plan terapéutico. Sus objetivos principales son establecer un diagnóstico preciso, entender el contexto de vida que rodea la aparición de la enfermedad y formar una alianza terapéutica que asegure la adherencia al tratamiento. Se considera tanto un medio de diagnóstico como una herramienta terapéutica en sí misma.

Para una ejecución exitosa, la entrevista debe seguir principios de respeto, confidencialidad y ausencia de juicios. Factores como un ambiente confortable y privado, una duración adecuada (generalmente entre 30 y 60 minutos en consulta externa) y el uso de un vocabulario sencillo son fundamentales. El entrevistador debe ser capaz de manejar conceptos psicológicos como la transferencia (emociones que el paciente proyecta en el médico) y la contratransferencia (reacciones emocionales del médico hacia el paciente).

El proceso se divide en cuatro fases: la recepción, donde se busca reducir la ansiedad mediante el saludo; la iniciación, para identificar el motivo de consulta; el desarrollo, que constituye el núcleo donde se indagan antecedentes e historia personal; y el cierre, donde se recapitulan conclusiones y se informan los pasos a seguir. Durante estas etapas, el profesional utiliza técnicas específicas como la clarificación, el silencio, la confrontación y el refuerzo positivo para facilitar la expresión del paciente.

La formulación de preguntas es una habilidad clave; se recomienda comenzar con preguntas abiertas para generar respuestas amplias y avanzar hacia preguntas cerradas o dirigidas para precisar datos. Aunque existen entrevistas estructuradas y no estructuradas, el modelo semiestructurado es el más recomendado por combinar flexibilidad con una mejor identificación de signos y síntomas. Además, el médico debe estar atento al lenguaje no verbal y al paralenguaje (tono y ritmo de voz) del paciente.

Finalmente, la guía detalla abordajes específicos según el tipo de paciente, como el suicida, donde se debe evaluar la letalidad y factores de riesgo; el depresivo, alentando la expresión de sentimientos; o el psicótico, donde la empatía es vital ante la presencia de alucinaciones. También se consideran situaciones especiales como el paciente simulador, que produce síntomas intencionalmente por ganancia secundaria, y la entrevista con familiares o cuidadores para obtener una visión integral del entorno del paciente.